Mi historia con Robert Langdon

Hace diez años me enteré de un autor y su particular libro, Dan Brown y “El código Da Vinci”. Al poco tiempo, vi esas quinientas páginas en una biblioteca familiar y pregunté “¿Lo leíste? ¿Me lo prestás?”, las respuestas fueron afirmativas, afortunadamente, esa persona no era extremadamente celosa (como yo) con sus libros. La única premisa fue “Léelo, me lo devolvés cuando nos veamos la próxima o cuando puedas”. Volví feliz a casa.

Todavía recuerdo una aclaración de las primeras páginas:

Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces.

Eso me dejó en claro que los lugares visitados, y puede que muchos de los datos que se brindaban, era reales. Por un lado, siempre me interesó la religión, por el otro creía que en esas páginas iba a encontrar algún secreto guardado entre líneas. Leí la obra con atención, sabiendo que iba a aprender algo. Quedé fascinada por la historia, pero más aún por el profesor Robert Langdon y su reloj de Mickey Mouse.

Devolví “El código Da Vinci” a su dueño, aunque debo admitir que tenía muchísimas ganas de quedármelo.

Tiempo después compré “Ángeles y demonios” y “El símbolo perdido”. Los devoré en tres días a cada uno. Las historias eran interesantes, sí, pero más me interesaba Langdon, su terrible nivel de conocimiento sobre iconología y simbología religiosa. Lo admiraba por su extenso conocimiento, creo que de alguna manera fue una de las semillas que hicieron que hoy esté fascinada con la semiótica. También vi las películas de El código y Ángeles, quería ver cómo sería verlo a Robert “de carne y hueso en acción”.

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Hoy vi “Inferno”, la película basada en la historia de del libro basado en “La divina comedia”. Y cada vez que el profesor Langdon intentaba descifrar el misterio sentía que estaba detrás de su hombro mirando en los mismos lugares que él, mi cabeza trabajaba como queriendo armar un cubo mágico. Porque en cierta forma lo sigo admirando, todavía quiero ser cómo él, resolver problemas a través de la simbología, mirar detalles y encontrar nuevos significados.

Acerca de “Inferno”, la película: 7 samiritos. El villano tiene ciertos rasgos de un Ra’s Al Ghul contemporáneo.

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